
Hay de tendencias a tendencias.
La granada es esa extraña fruta que, según la Real Academia, contiene "multitud de granos encarnados, jugosos, dulces unas veces, agridulces otras". A los mexicanos nos gusta rociar esos granos sobre los Chiles en Nogada en el otoño.
Resulta que ahora a los estadounidenses les gusta la granada en bebidas (vodka de granada), lácteos (yogur para beber) y jugos (bebidas de un rojo intenso que me hacen preguntarme cómo sacan tanto jugo de esos pequeños granos). Granada en todo. La fruta de moda. Una rápida búsqueda en Google News dio como resultado docenas de artículos sobre distintos usos de la fruta, pero nada que me explicara el reciente fenómeno del amor por esta extraña fruta. Pero es cuestión de días para que alguien lo haga, verán. En fin, alguien que me diga si esta fruta sirve de algo, o no.
La prensa en EEUU e Inglaterra es muy buena es identificar tendencias y fenómenos; también son muy buenos en desbancar las teorías que respaldan estas tendencias y fenómenos y retar a la sabiduría convencional.
Pocas revistas lo hacen como The Economist o Wired.
De Wired, no puedo olvidar su reciente número dedicado a confrontar las ideas principales bajo el movimiento verde: el uso de autos híbridos (la revista dice que la emisión de carbono por la producción de las baterías de estos coches no compensa su ahorra de gasolina), la crítica a la energía nuclear (la revista dice que es la energía más limpia) o la idea que dice que los aires acondicionados contaminan (la revista la desbanca).
Luego está una edición de The Economist de fines de 2006, que confronta todas las ideas detrás de la agricultura orgánica (la producción orgánica, dice la publicación, requiere de más terreno, no combate las enfermedades y da menores cosechas, lo cual afecta a los países en desarrollo). Por supuesto, no todos estuvieron de acuerdo.
Ambos son ejemplos de periodismo de combate, controversial. No siempre funciona, porque el afán por estar en la boca de todos puede dar como resultado publicar información que no se sostiene con nada.
Pero, en general, la lección es que nos toca a nosotros confrontar la sabiduría convencional, por más incómodo que sea. Aun cuando eso signifique volver a las naranjas y dejar las granadas para los Chiles en Nogada.
